En esta sección veremos todas aquellas variables que por su significativa
importancia, condicionan en la mayoría de las veces, el éxito o fracaso de un
emprendimiento hidropónico.
Calidad de la Semilla. El éxito del FVH comienza con la elección de una buena
semilla, tanto en calidad genética como fisiológica. Si bien todo depende del
precio y de la disponibilidad, la calidad no debe ser descuidada. La semilla
debe presentar como mínimo un porcentaje de germinación no inferior al 75% para
evitar pérdidas en los rendimientos de FVH. El usar semillas más baratas, o
cultivares desconocidos , puede constituir una falsa economía y tal como se
planteó antes, hacer fracasar totalmente el nuevo emprendimiento.
Se deben utilizar semilas de alto porcentaje de germinación.
En resumen, el productor de FVH deberá tener presente que el porcentaje mínimo
de germinación de la semilla debe ser en lo posible mayor o igual a 70 -75%; que
la semilla a utilizar debe estar limpia y tratada con una solución de
hipoclorito de sodio al 1% a través de un baño de inmersión, el cual debe durar
como máximo 3 minutos; y que el lote de semillas no debería contener semillas
partidas ni semillas de otros cultivares comerciales.
Iluminación: Si no existiera luz dentro de los recintos para FVH, la función
fotosintética no podría ser cumplida por las células verdes de las hojas y por
lo tanto no existiría producción de biomasa. La radiación solar es por lo tanto
básica para el crecimiento vegetal, a la vez que promotora de la síntesis de
compuestos (por ejemplo: Vitaminas), los cuales serán de vital importancia para
la alimentación animal.
Al comienzo del ciclo de producción de FVH, la presencia de luz durante la
germinación de las semillas no es deseable por lo que, hasta el tercer o cuarto
día de sembradas, las bandejas, deberán estar en un ambiente de luz muy tenue
pero con oportuno riego para favorecer la aparición de los brotes y el posterior
desarrollo de las raíces. A partir del 3ero. o 4to. día iniciamos el riego con
solución nutritiva y exponemos las bandejas a una iluminación bien distribuída
pero nunca directa de luz solar. Una exposición directa a la luz del sol puede
traer consecuencias negativas (aumento de la evapotranspiración, endurecimiento
de las hojas, quemaduras de las hojas). La excepción se realiza, cuando la
producción de FVH se localiza en recintos cerrados y/o aislados de la luz solar
(piezas cerradas, galpones viejos sin muchas ventanas, casa abandonada, etc), en
los dos últimos días del proceso de producción, se exponen las bandejas a la
acción de la luz para lograr, como cosa primordial, que el forraje obtenga su
color verde intenso característico y por lo tanto complete su riqueza
nutricional óptima.
Si la opción de producción es exclusivamente en recintos cerrados sin luz
natural, tendremos entonces que pensar en una iluminación artificial en base a
tubos fluorescentes bien distribuidos y encendidos durante 12 a 15 horas como
máximo. Para el cálculo de la iluminación debe considerarse que el FVH sólo
requiere una intensidad lumínica de 1.000 a 1.500 microwatts/cm2 en un período
de aproximadamente 12 a 14 horas diarias de luz. El uso de la luz solar es
siempre la más recomendable, por lo que se debe agudizar el ingenio para lograr
un máximo aprovechamiento de la luz solar y por consecuencia, lograr menores
costos de producción, prioridad básica para cualquier proyecto de producción de
FVH. Esto puede estar facilitado con una orientación de las instalaciones de
Este a Oeste, favoreciendo de este modo la construcción de aberturas en
estructuras pre existentes, etc.
Temperatura: La temperatura es una de las variables más importantes en la
producción de FVH. Ello implica efectuar un debido control sobre la regulación
de la misma. El rango óptimo para producción de FVH se sitúa siempre entre los
18° C y 26 ° C. La variabilidad de las temperaturas óptimas para la germinación
y posterior crecimiento de los granos en FVH es diverso. Es así que los granos
de avena, cebada, y trigo, entre otros, requieren de temperaturas bajas para
germinar. El rango de ellos oscila entre los 18°C a 21°C. Sin embargo el maíz,
muy deseado por el importante volumen de FVH que produce, aparte de su gran
riqueza nutricional, necesita de temperaturas óptimas que varían entre los 25°C
y 28 °C (Martínez, E. 2001; comunicación personal).
Cada especie presenta requerimientos de temperatura óptima para germinación lo
que se suma a los cuidados respecto a la humedad. En las condiciones de
producción de FVH, la humedad relativa ambiente es generalmente cercana al 100%.
A medida que aumenta la temperatura mínima de germinación, el control del
drenaje de las bandejas es básico para evitar excesos de humedad y la aparición
de enfermedades provocadas por hongos. La presencia de estos microorganismos
puede llegar a ser la causa de fracasos de producción por lo que la vigilancia a
cualquier tipo de situación anómala, debe constituirse en rutina de nuestra
producción. El ataque de los hongos usualmente resulta fulminante y puede en
cuestión de horas arrasar con toda nuestra producción, y quedarnos sin alimento
para el ganado. Tener una buena aireación del local, así como riegos bien
dosificados son un excelente manejo contra este tipo de problemas.
Una herramienta importante que debe estar instalada en los locales de producción
es un termómetro de máxima y mínima que permitirá llevar el control diario de
temperaturas y detectar rápidamente posibles problemas debido a variaciones del
rango óptimo de la misma. Lo ideal es mantener siempre en el recinto de
producción, condiciones de rango de temperatura constante. Para ello, en el caso
de climas o épocas del año muy frías, tendremos que calefaccionar nuestro
ambiente, y viceversa, en climas o estaciones del año de muy altas temperaturas,
habrá que ventilarlo al extremo o enfriarlo. Usualmente la calefacción dentro
del recinto de producción, viene dada por la inclusión de estufas de aserrín. El
número de éstas está en función de la intensidad del frío que exista, y de la
temperatura a la cual pretendamos alcanzar. (Schneider, A. 1991). Por su parte
el abatimiento de altas temperaturas puede obtenerse a través de la colocación
de malla de sombra y/o conjuntamente con la instalación de aspersores sobre el
techo del invernáculo.
Si podemos instalar nuestro sistema de producción de FVH en ambientes aislados
de los cambios climáticos exteriores, nuestra producción se verá optimizada.
Humedad: El cuidado de la condición de humedad en el interior del recinto de
producción es muy importante. La humedad relativa del recinto de producción no
puede ser inferior al 90%. Valores de humedad superiores al 90% sin buena
ventilación pueden causar graves problemas fitosanitarios debido
fundamentalmente a enfermedades fungosas difíciles de combatir y eliminar,
además de incrementar los costos operativos.
La situación inversa (excesiva ventilación) provoca la desecación del ambiente y
disminución significativa de la producción por deshidratación del cultivo. Por
lo tanto compatibilizar el porcentaje de humedad relativa con la temperatura
óptima es una de las claves para lograr una exitosa producción de FVH.
Calidad del agua de riego. La calidad de agua de riego es otro de los factores
singulares en nuestra ecuación de éxito. La condición básica que debe presentar
un agua para ser usada en sistemas hidropónicos es su característica de
potabilidad. Su origen puede ser de pozo, de lluvia, o agua corriente de
cañerías. Si el agua disponible no es potable, tendremos problemas sanitarios y
nutricionales con el FVH.
Para el caso en que la calidad del agua no sea la más conveniente, será
imprescindible el realizar un detallado análisis químico de la misma, y en base
a ello reformular nuestra solución nutritiva, así como evaluar que otro tipo de
tratamiento tendría que ser efectuado para asegurar su calidad (filtración,
decantación, asoleo, acidificación o alcalinización).
La calidad de agua no puede ser descuidada y existen casos donde desconocer su
importancia fue causa de fracasos y pérdidas de tiempo. Un ejemplo de esto lo
constituye una experiencia llevada a cabo en el Departamento de Rocha –Uruguay –
donde la utilización de una fuente de agua proveniente de una cañada del lugar,
provocó una muy severa aparición de enfermedades fungosas, al igual que una
elevada presencia de colibacilos fecales en el cultivo. Ramos (1999), establece
criterios en el uso de aguas para cultivos hidropónico respecto a : i) contenido
en sales y elementos fitotóxicos (sodio, cloro y boro); ii) contenido de
microorganismos patógenos ; iii) concentración de metales pesados; y iv)
concentración de nutrientes y compuestos orgánicos.
-pH. El valor de pH del agua de riego debe oscilar entre 5.2 y 7 y salvo raras
excepciones como son las leguminosas, que pueden desarrollarse hasta con pH
cercano a 7.5, el resto de las semillas utilizadas (cereales mayormente)
usualmente en FVH, no se comportan eficientemente por encima del valor 7.
-Conductividad. La conductividad eléctrica del agua (CE) nos indica cual es la
concentración de sales en una solución. En nuestro caso, nos referiremos siempre
a la solución nutritiva que se le aplica al cultivo. Su valor se expresa en
miliSiemens por centímetro (mS/cm ) y se mide con un conductívimetro previamente
calibrado. En términos físico-químicos la CE de una solución significa una
valoración de la velocidad que tiene un flujo de corriente eléctrica en el agua.
Un rango óptimo de CE de una solución nutritiva estaría en torno de 1,5 a 2,0
mS/cm. Por lo tanto, aguas con CE menores a 1,0 serían las más aptas para
preparar nuestra solución de riego. Debe tenerse presente también que el
contenido de sales en el agua no debe superar los 100 miligramos de carbonato de
calcio por litro y que la concentración de cloruros debe estar entre 50 – 150
miligramos por litro de agua (Ramos,C; 1999).
Uno de los principales problemas que ocurre en el riego localizado (goteo,
microaspersión), es la obturación de los emisores por los sólidos en suspensión
de las aguas de riego. En general la cloración y un buen filtrado resuelven
estos problemas . Se ha encontrado que se puede mantener una operación adecuada
de la mayoría de los emisores ensayados, mediante una cloración diaria durante
una hora, o cada 3 días con la aplicación de 1 mg/l de cloro residual combinado
con un filtrado a través de filtros de 80 mesh (diámetro de los poros de 120
micras). Tajrishy et al, 1994 citado por Ramos,C. 1999, encontraron que en
goteros de 4 litros/hora, una cloración continua a una concentración de 0,4
mg/litro de cloro residual, impidió la formación de obturaciones de origen
biológico. Una buena revisión del problema de la obturación de goteros en
relación a la calidad del agua es la de Nakayama y Bucks, (1991). Un resumen del
potencial de obturación de goteros según la calidad del agua se presenta en el
Cuadro 5.
Cuadro N° 5. Calidad del agua de riego en relación a la obturación de goteros
| Elemento de obturación |
Peligro de Obturación
|
| |
Bajo |
Medio |
Alto |
| Sólidos en suspensión (mg/l) |
<50 |
50 - 100 |
>100 |
| Ph |
<7,0 |
7,0 – 8,0 |
>8,0 |
| Sólidos disueltos (mg/l) |
<500 |
500 – 2000 |
>2000 |
| Manganeso (mg/l) |
<0,1 |
0,1 – 1,5 |
>1,5 |
| Hierro total (mg/l) |
<0,2 |
0,2 – 2,0 |
>2,0 |
| Sulfuro de Hidrógeno (mg/l) |
<0,2 |
0,2 – 2,0 |
>2,0 |
| N° de Bacterias/ml |
<10.000 |
10.000 – 50.000 |
>50.000 |
Fuente: Tomado de Nakayama y Bucks (1991) según Ramos,C
(1999)
Hay que tener en cuenta que si se utilizan aguas residuales para hidroponía,
éstas tendrán muchos sólidos en suspensión, por lo que la frecuencia de limpieza
de los filtros es mayor que en el caso de las aguas para consumo humano.
-CO2. El poder controlar la concentración del anhídrido carbónico dentro del
ambiente de producción del FVH, ofrece una excelente oportunidad para aumentar
la producción del forraje, a través de un incremento de la fotosíntesis. Se
pretende de esta manera provocar un aumento significativo en la cosecha del FVH,
a través del control atmosférico dentro del local de producción. El control se
ejerce mediante controladores automáticos los cuales enriquecen constantemente
el ambiente interno con altos niveles de anhídrido carbónico, promoviendo una
mayor fotoasimilación celular y el aumento de la masa vegetal. A título
informativo, la NASA ha experimentado con singulares resultados positivos la
práctica de suministro de CO2 a cultivos hidropónicos obteniéndose un excelente
aumento en la producción de biomasa vegetal (Arano, 1998).
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